¿Por qué necesitamos jefes?

Esta cuestión empezó, para mi, como una divertida provocación a los alumnos que asistían a formación de acceso a posiciones de mando. Nada más empezar les proponía que me demostraran que eran realmente  necesarios. Debían darme un argumento irrefutable, algo que realmente justificara que se creara una posición de “jefe” con los privilegios y recompensas extra que eso suponía.

Lo pensé como un ejercicio para explicitar las expectativas que tenían al convertirse en líderes.  Además de expectativas personales,  aparecían los modelos mentales de lo que era un jefe, un líder, un mando, un directivo, etc. Al final, el que tenía dificultades era yo para argumentar que todo lo que decían no me parecía una condición suficiente, pero solía conseguirlo.

Por ejemplo, era muy habitual que afirmaran rotundamente que un jefe es necesario para transmitir el objetivo. Yo les respondía que para hacer de transmisor se le podían enviar los objetivos por valija interna a los equipos y listo, nos ahorrábamos el jefe. Y si decían que la gente no sabe ponerse objetivos ya entrábamos en terreno opinable, pero me hacía gracia que pensaran que de repente, al nombrar a alguien jefe, aparecían en esa persona una serie de habilidades que antes no tenía en absoluto, como la de definir objetivos, coordinarse con otros, negociar,…

También muchos aludían a la parte social del asunto con argumentos como que los jefes estaban para gestionar los conflictos. Nada que decir, por supuesto, si no hubiera jefes sería una carnicería: los empleados, presas de la rabia incontrolada que les caracteriza se arrancarían la piel unos a otros.

En este punto aclarábamos que no se trata de enumerar tareas de los jefes. Seguramente es cierto que son importantes. Se trata de encontrar el argumento para que sean considerados “superiores” y cobren más, por ejemplo. Y lo más importante: para que ellos sepan a qué se van a tener que dedicar a partir de entonces.

Para aclarar de forma más eficaz la discusión se me ocurrió un día introducir una metáfora y les mostré una imagen parecida a la siguiente antes de hacer la pregunta:

Somalia_termitstackSe trata de un termitero africano, de varios metros de alto. Los científicos hace muchos años que estudian estas colonias, analizan el interior de los termiteros de forma metódica. En todo este tiempo no han encontrado jamás una sala de juntas ni ningún despacho de jefe. La pregunta entonces era: “¿Cómo puede ser que estos seres, a los que nosotros consideramos menos evolucionados, no necesiten jefes para hacer su trabajo y nosotros sí?.

En ese momento algunos comenzaban a mirarme con recelo, otros preferían poner en duda desde ya la supremacía humana y aceptaban la derrota.

Entre el caos siempre algún incauto respondía que sí tenían jefe, concretamente jefa: la reina. Aunque parezca mentira intentaban defender esta idea. Pero rápidamente les recordaba que el nombre de Reina se lo habíamos puesto nosotros y que nada de lo que hacía la supuesta reina tenía que ver con organizar, controlar o motivar a las otras termitas, ella se limitaba a hacer su trabajo y no cobraba más que los demás por ello.

Otro tipo de argumentos para infravalorar la labor de las termitas era que actuaban de forma instintiva y programada. Los jefes existen para superar los imprevistos, los problemas: la tesis del jefe como superhéroe salvador. Pero entonces les preguntaba que creían que pasaría si un pájaro despistado chocaba contra el termitero y rompía un trozo. Ellos mismos se daban cuenta que, aunque es verdad que gran parte del comportamiento está condicionado genéticamente, también tienen programas para superar los imprevistos. No es imprescindible en absoluto un jefe para encontrar soluciones.

Pocas veces dieron con un argumento que me convenciera realmente y las que así sucedió llegamos más o menos a las siguientes  2 conclusiones entre todos.

1. El jefe sirve para que todos hagan el trabajo tal y como el cliente espera.

Las termitas están haciendo su propia casa, lo hacen para ellas. Si las termitas se equivocan haciendo su casa se mueren y su herencia genética con ellas. Así que pueden hacer su casa como les de la gana, nadie va a valorar si han echo lo que debían, lo correcto o lo que esperaban. Bastante tienen con sobrevivir.

Cuando los seres humanos hacen algo para ellos también lo hacen como les da la gana, ya que es para ellos. El asunto se complica cuando trabajamos para otros. El fruto de nuestro esfuerzo lo recibe otro y ese otro va a decidir si es lo que le satisface. Va a decidir si sobrevivimos o no. Ese es el primer jefe: el cliente, el ciudadano, el accionista mayoritario o el país vecino.

Las termitas no construyen por encargo, ninguna tiene un trabajo por cuenta ajena y por eso no necesitan jefes. Así pues no es una cuestión de que seamos superiores o no a las termitas. En realidad sólo se trata de donde se encuentra la información para hacer tu parte del trabajo. En las termitas la información que cada una tiene en su instinto es suficiente.

Así pues, el jefe es el único que decide si el trabajo se está realizando como desea el cliente. Esa decisión solo puede tomarse por quien conoce lo que quiere el cliente. Cada trabajador no puede decidir por sí mismo cual es la mejor forma de hacer su trabajo. Para unos es mejor hacerlo más barato, para otros de más calidad, para otros más rápido, … Cualquiera de las preferencias puede ser buena. Por eso cada proceso, cada equipo, cada departamento tiene clientes y jefes que les representan.

El jefe marca el camino a seguir y evalúa constantemente para asegurar que no se producen desviaciones respecto a lo que se ha decidido que se va a entregar al cliente. En el mundo de las termitas sobrevivir es el objetivo. En el nuestro hay muy variados objetivos, misiones, visiones, principios, estrategias, programas políticos,…

2. El jefe sirve para que todos mantengan sus ganas de trabajar para otro.

Volviendo a las termitas. Algunos se preguntaron el porqué las termitas no desfallecen ante la adversidad. Obviamente el sistema nervioso de las termitas casualmente no incluye ese opcional. Desmoralizarse, conflictear o vaguear no está entre su repertorio conductual, ni tampoco lo contrario. En su sistema de vida todo esta muy claro, no hay opciones, la selección natural ha tomado todas las decisiones. Para ellas el tiempo de tomar una decisión es exactamente el que tardan en procesar la información.

En nuestro caso hay esas y otras muchas opciones, también las de: estar apasionado, ilusionarse, darlo todo, sudar la camiseta,… Si aceptamos la primera conclusión de la función principal de los jefes debemos entender que hemos eliminado la justificación principal para el tremendo derroche energético que hacemos cada día para ir a trabajar: que es algo para nosotros mismos. Ya no estamos satisfaciendo directamente nuestras necesidades, lo hacemos a través de otro y esto vuelve a traernos otra decisión interesante.

Si trabajo para mi, yo soy el que decide cuando tengo bastante y cuando debo esforzarme más, cuando he de dar un plus o tomármelo con calma. Los hay que nunca se toman nada con calma y los hay que sí, cada uno tiene su fórmula. Pero éste no es nuestro interés ahora. Nos interesa que el individuo toma siempre una decisión respecto a la cantidad de energía/esfuerzo que desea utilizar (motivación).  Victor H. Vroom lo planteó en su teoría de las expectativas. Para Vroom esa decisión está en relación con el valor de la recompensa y la expectativa de conseguirla.

Aquí entra el jefe y por eso a todos los que son jefes y han hecho formación les han explicado el funcionamiento de la motivación humana. El jefe debe ser un especialista en motivación porque si la decisión de su equipo es estar desmotivado de poco va  a servir definir muy bien objetivos, responsabilidades, visiones, principios, valores, competencias,…(dará igual lo que se invente, no funcionará) El jefe sirve para que nadie se desmotive (cuanto menos) y que cada día tomen la decisión de poner el esfuerzo para ser mejores.

A partir de éste momento ya no tenemos suficiente con un jefe y debemos hablar de líder.

Este debate ha sido siempre apasionante. Cuando alcanzábamos algo parecido que generaba suficiente acuerdo en el grupo les planteaba la siguiente cuestión:

¿Y cuál es la principal herramienta de un líder para lograr su propósito?

Pero esto lo añadiré en otro post.

Santiago González.

Entrenadores de Talento. 2015.

 

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